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Home Pensamientos Reflexiones Poemas Contacto ¡Dios, sé que debo cambiar!
En una ocasión un hombre comerciante envió a su hijo a comprar determinada mercancía, pero el hijo no volvió, sino hasta el día siguiente. Su padre preocupado, pasó toda la noche en vela esperándolo, y oraba a Dios para que lo librara de todo mal. Pronto se escuchó un ruido en la sala y el padre corrió a ver si era su hijo que había llegado, y al ver que si era, se emocionó. Ese hijo con lágrimas en los ojos le dice a su padre “padre te he faltado” ¿por qué hijo? -Exclamo el padre- porque olvidé por un momento con cuánto esfuerzo te ganas el pan diario y no me importó, y gaste todo el dinero que me diste con unos “amigos” ¡perdón Padre! Te disculpo hijo –dijo el Padre- Cuántas veces le hemos faltado a Dios, pero cuando vamos a Él con un corazón contrito y humillado Él siempre nos perdona. Porque aunque nosotros somos imperfectos… Él es perfecto, justo y fiel. Más la palabra dice que aquel que murmura del hermano, murmura de la Ley y juzga a la Ley, sólo uno es el que puede juzgar, ¿quién es? Dios, ¿pero quién es usted para juzgar a su hermano? Tal vez usted se preguntara, pero si sé que mi hermano está cometiendo una falta, ¿debo callar y no decir nada? Mi querido hermano, si esto llegase a ocurrir, usted debe razonar con su hermano, a fin de que no participe de su pecado. Porque, así habló Jehová de los ejércitos, diciendo: Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano. Mi amado hermano (a), No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.
Colaboración de
Valentina
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