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Una vida vacía

 

Miro a mi alrededor, mi hermana tirada al llanto, mi mamá llorando desconsoladamente y mi papá sin poder entender tieso, como si tratara de pensar que es solo una pesadilla. La familia y amigos me miran en shock.

Camino entre ellos, como si esto fuera una pintura en blanco y negro con un ambiente melancólico.

Mi mente regresa al lugar de los hechos, donde hay un cuerpo tirado en mi cama, con sangre en los brazos.

Al acercarme más, todo me indica que esa persona se ha cortado las venas, se ha suicidado sin piedad hacia su persona: su rostro con lágrimas en los ojos, su cara no me es visible, todo parece un sueño incomprensible.

Regreso a la realidad con mi hermana abrazándome. Yo la trató de consolar, diciéndole que así todo será mejor, por fin ella no tendrá que preocuparse más por mis depresiones, por mis responsabilidades, por mis errores…

Pero no me escucha, está tan dolida, pero le aseguro que esta es la última vez que sufrirá por mí; saldrás adelante, no en vano te conozco.

Mis razones no las supiste, ni los demás, cada una de ellas tal vez vacías, pero que a mí me convencieron y no sabes cuanto me hirieron. Se preguntarán ¿en qué modo?, pues jamás me hicieron el mayor daño.

Pero mi mente lo hacía recriminando cada error que cometía, reprochando cada desilusión amorosa, repitiéndome qué era, porque yo era la mayor porquería, quien me iba a querer solo mi familia y amigas.

No saben cuanto eso me animaba, hasta que comencé a darme cuenta que sin querer los hería o lastimaba. Me daba tanto coraje, que pensé en castigarme hiriendo mi brazo izquierdo, cada cortada significaba el daño a alguien que quería.

Otro motivo que me lastimó y que está tan hueco, es el de un hombre que era mayor que yo, me robó el corazón hiriendo cada una de mis ya heridas de amor.

Cada día trataba de darme ánimos. Después desapareció, lo que me dolió tanto que ya no mostraba interés ni ánimos por ningún deporte.

Mi trago amargo trató de hacerme entender, que toda mi vida sería así. Si alguien me gustara, yo trataría de conquistarlo. Pero solo me quedaría en ese paso y mi corazón tendría otra herida que no cerraría, hasta que me quedara desalmada.

Pensé por otros bienestares, menos por el mío y veme en una caja y a veces mis sentidos eran buenos.

Aquí seguiré penando hasta pagar mi cuota de mi vida y después sufrir una eternidad en aquel lugar tan temido y en el que yo me resigno a estar.

Solo espero que esto ayude a que una persona haya aprovechado la vida que yo desperdicié.

 

Colaboración de Anayeli
México

 

 


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