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¿Cómo es tu mesa?

 

A Elena mi psicóloga, a ella agradezco el salvarme de mi misma, de la persona que fui y de encontrar la persona que soy. Las personas somos como una mesa y necesitamos componer con nuestro día el soporte para poder sostenerla, una pata la familia, otra tus amigos, la tercera tu pareja y por ultima tú. Sin esa base no hay manera de poder soportar el peso del tablero, si sólo te apoyas en una vas tambaleándote, no puedes avanzar, imposible seguir.

Eso me enseño a mí y es el único consejo que puedo dar, es tan necesario, tan importante, sólo creía que necesitaba una pata, y fue mi soporte durante 9 años… Y caí, caí sin poder levantarme, me precipite al vacío a mi pozo y no había consuelo. Gritaba a voces y nadie me oía mi voz, nadie entendía que decía, que pedía, que necesitaba. Nadie me podía entender, por qué no decía nada, perdí la razón, la coherencia, el sentido, no tenía sentido nada y se fue creando desde mi infancia hasta el 13/05/2007.

Desde esa fecha empezar poco a poco a crear mi nueva mesa, mi mesa con mis patas, mi soporte, mi razón, mi coherencia, mi sentido.
La experiencia me ha demostrado que no se nace se hace. Y yo como todos los bebés nacemos puros, no entendemos de maldad sólo observamos y sentimos, somos un árbol esperando a ser talados para poder crear esa mesa. La mesa que queramos ser, de cristal de mármol, me madera, de hierro. Mi mesa empezó siendo de madera, aguante golpes, traslados, me movieron de sitio mil veces.

No tuve una infancia normal, marcada por la bebida de mi padre y su forma de averiguar de como yo iba creciendo, la usencia de una madre, una madre sin mesa alguna ni soporte que la aguantara, creo que mi pobre madre jamás le contaron ese árbol que necesitaba, una gran mujer y un mal marido. En mi familia hubo muchas mesas, bueno eran mesitas y éramos cinco, mesas desperdigadas, cada una en un rincón, en la adolescencia fuimos buscadas nuestro arbolito para poder empezar a talar y así crear nuestro estilo de mesa.

A unas de mis mesitas, un individuo intentó que ese arbolito no creciera, pero creció y hoy es un hombre con una mesa grande, fuerte y firme. Las demás bueno fueron golpeándolas, pero ahí están, fuertes y firmes. La mía fue de cristal a punto de romperse para siempre, de no creer poder crear jamás una con un buen soporte y sus respectivas patas.

El 25/01/1997 la poquita estabilidad que me quedaba de mi mesa, fue desgastándose poco a poco, año tras años, no era bonita, no tenía valor, me sentía una mesa antigua, ridícula, sin lamparita de esas que te dan poca luz, pues yo no tenía. Encontré una pata “mi pareja” era mis cuatro patas, era mi soporte, mi pintura, mi mesa de roble fuerte y segura que jamás se podría romper.

Y dejé que el formara mi gran mesa, mi mesa grande, así lo veía yo a él, el gran amor de mi vida, lo ame tanto que lo perdí, lo agarre tanto que se ahogó, soñé con el tantas veces que desperté y no estaba, pero yo seguía hay. Tuvimos una mesa chiquitita que se llama Daniel, que mesita más bonita, tan débil, tan bebé, era mío, era una oportunidad de poder crearme otra patita para mi mesita y poder hacerla una mesa más grande y fuerte.

Pero me mentía, me engañaba a mí misma, mi historia se repetía, seguía teniendo sólo una pata, Daniel estaba pero era tan grande lo que sentía por mi marido que pasó a un segundo plano, ya mi estabilidad estaba a punto de desmoronarse, era horrible. No sé si era problema mío por no dejarlo ir y de él por tratarme como me trató, claro está que si yo no tenía soportes imposible aguantar nada.

Como mujer bajé al infierno y bajé yo solita. Empezaron las críticas hacia mi físico.” Sin barriguita me gustas más” me decía, que horrible fue escuchar eso, día tras día. Desde ese momento supe que jamás una comida para mí sería disfrutada, todo lo contrario, se convirtió en un martirio la hora de las comidas. Sin darme cuenta me convertí en una bulímica, comida que entraba en mi cuerpo, comida que vomitaba, yo sólo quería estar atractiva para él, sin barriga y delgada.

Se me fue la poca alegría que me quedaba en el rostro y mi cuerpo se estaban muriendo al igual que mi alma, mi Mesa estaba a las puertas de una gran hoguera, era tan grande la tristeza y amargura que en mi se creó, que no podía sopórtalo. Lo estaba perdiendo todo y no fui capaz de reaccionar, tenía dolores de estómagos, mi debilidad fue cada día a más hasta que un día llegue a pesar 43 kg con un 1,66cm, lo que se dice muerta en vida así me sentía yo.

Pero pensé que más mal no me podía sentir, pues me equivocaba, al paso de los meses, ya no quiso mantener relaciones sexuales conmigo, no lo podía entender, esta delgada, sin barriga, “donde estaba el problema” era lo que él y con mi ayuda había creado, era su mujer perfecta. Pensé que él, tal vez tendría algún problema ajeno a mí, lo hablé con él, una noche tras otras y no aparentemente no pasaba nada, sólo me decía que lo sentía, llegué a pensar que tenía otra mujer, un lío.

Con mi poca estabilidad que en aquel entonces sentía, llegué a ser una celosa, desconfiada, mal pensada, en una mujer controladora, insegura de todo, culpable y condenada. Descubrí que se pasaba las noches masturbándose, frente al televisor y observando mi trasero. Dios mío, que decepción, que estaba ocurriendo, no me tocaba, pero si se masturbaba, que malestar, lloraba sin consuelo, no entendía nada, estaba perdida dentro de esa relación y no sabía cómo reaccionar, más tristeza no podía sentir. Supongo que fue una forma de persuadir una situación o un contacto físico entro los dos. Jamás me sentí tan pequeña, tan insignificante, tan poca persona, mi mesa empezaba a ser quemada poco a poco. Como yo lo quería, lo amaba tanto era tan grande ese amor imposible querer más

Tras esas situaciones nuestros encuentros eran escasos y los que hay se vivía era discusiones y golpe tras golpe, golpes que me dejaron sin sentido, sin sentido ni ganas de vivir, mi vida era una mesa ardiendo a punto de convertirse en cenizas. Pero no antes, destrozarla pieza a pieza estilla a estilla, sentí como iba cayendo, rozando el suelo, sentía como iba muriendo y creí, de verdad creí que ya está muerta. Pero lo vi, vi como en esa sala los fluorescente estaban encendidos, ¡Dios!... Estaba en el mismo sitio pero más destruida aún.

Antes de que callera por alguien, me arranqué las patas yo y quise llenar mi tablero de pastillas de pastillas cobardes. Empecé a sentir otro dolor el dolor de saber que mi mesita estaba ahí, esa mesa pequeñita que no entendía nada, que necesitaba que alguien le montara una mesa grande, fuerte y seguro de sí mismo y entonces creí reaccionar y le ayudé poco a poco a crear su mesa, con sus patitas, no había día de un arrepentimiento, de un lo siento, antes de arroparle para ir a dormir, un beso de esperanzas y firmeza.

Un “lo siento mi mesita“. La vida, por si con una creía no tener bastante me mando otra una mesita más pequeñita todavía una Victoria. Esa mesita fue creada por dos, pero la travesía y el embarazo lo pase sola, el creador de esa mesita, fue un cobarde, le vino grande y decidió no ser partícipe de esa creación, sus visitas era para no tirar hacia delante con esa creación, cuanto más me exigía que no la tuviera más ganas tenía de tenerla, incluso, me quiso firmar un papel, para que nunca le pudiera reclamar nada el cual nunca me negué a firmar, esa mesita era mía, sólo mía, él estaba disfrutando de su soltería en otros terrenos y para nada tenía en mente tener un bebé.

Que no culpo, porque nadie merecer ser obligado a hacer algo que no quiere ni desea. Pero era lo único que era mío, era mi lucha, mi creación mi mesa. Decidí irme a otra ciudad y empezar de nuevo una vida con mis mesitas y hacerlas de madera maciza, que nadie nunca pueda rompernos y que jamás se rompan ellas mismas. Ese era mi cometido con ellos.

Pero a los 7 meses de gestación de mi mesita, el papá decidió ser partícipe de esa creación, cara la gente ¿por qué lo sentía? ¿Por qué la sentía suya? pues no lo sé. Le concedí el honor de ver nacer a su hija y hacer el papel de su vida, decir que tenía una niña, no antes explicar que fue una imposición y al día de hoy sigue pensando lo mismo, pero cómo para saber hay que aprender, yo he aprendido que no importa lo que pienses los demás, si no lo que tu creas y quieras y es más, en lo que sientas.
Pues el empezó a sentir, sintió tanto que se enamora, se enamoró de tal manera, que empezó a ser una mesa, como la que fui yo hace años, débil, sin fuerzas, sin esperanzas. A veces confundimos amor con control y el esperaba encontrar a una persona que se arrepintiera, pidiera perdón el resto de su vida por haber tenido su propia mesita. Lleguemos a querernos y nos amenos como nunca antes habíamos hecho, era ¿amor? ¿Rabia? Pena? ¿Impotencia?.

Pero lo que él me dio y yo le di en nuestros momentos más íntimos nadie, nadie podrá darnos los mismos. Nos amemos, nos quisimos, nos enamoramos creo que nos queremos pero no encontramos la manera de sentir el dolor que se sintió en aquel momento, no hay un día que no pensemos el uno en el otro, tal vez jamás olvidaremos la mesita que tenemos ni como fue concebida, pero de lo que el uno sintió por el otro eso jamás lo podremos olvidar y no sé si sentir, pero jamás nos perdonemos, jamás comprendidos lo que nos ocurrió, jamás supimos sentir la palabra perdón.

En un tiempo pasado llegué a pensar, que él era la mesa que quería que estuviera al lado mío dando su apoyo, fijarme en su estilo, en su forma de posar, en alguien a quien admirar, era mi mesa perfecta, hizo que yo quiera limpiar, cuidar y mimar la mía, “saco a mi mesa de la hoguera “y por eso le doy las gracias. Pero nos conocimos como mesas de esas que están en el desván que se sienten solas llenas de polvo y que nadie se acuerda de ellas. Así de vacías estamos y creo que nos necesitábamos la una a la otra, amor y sentimientos sí que existía, pero no el olvido y en el olvido nos quedamos.

A veces la vida te da material, que sea de buena calidad o mala, sólo depende de uno mismo. A mis mesitas, las quiero con tanto amor y del sano, cuido mi tablero y sus soportes para no ser nunca más una mesa vieja y sin gamas de limpiarla cada día. Y menos por alguien. A las mesas que quisieron por naturaleza que yo ardiera en la hoguera. Ser felices.

 

Colaboración de Lourdes BM
España








 


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