Una vez un padre le dijo a su hijo que lo llevaría a pasar un fin de semana en el campo para que viera como vivían los campesinos y como no tenían lo mismo que otros.
Pasado el fin de semana, una vez que llegaron a su hogar; el padre le pregunta a su hijo:
-Y bueno hijo, ¿cómo te pareció el campo? Y su hijo responde:
-Muy bien papá... Su padre le pregunta nuevamente:
-¿Te has dado cuenta de lo poco afortunadas que pueden ser a veces las personas? ¿Qué aprendiste o que observaste mientras estuvimos en el campo?
Su hijo le respondió:
-Me di cuenta de que nosotros tenemos un perro, ellos tienen cuatro; nosotros tenemos una piscina de 25m., ellos tienen un riachuelo sin fin; nosotros tenemos lámparas importadas, ellos tienen las estrellas; y su mayor fortuna, que pasan tiempo en familia para conversar y compartir.
El padre al escuchar esto, se quedó sin palabras. Y su hijo con voz pausada continuó:
-Tú y mamá trabajan todo el día y no tienen tiempo para compartir conmigo, en cambio, aquellos campesinos tienen la mejor vida.
Gracias papá, por demostrarme lo afortunados que podríamos ser.
A veces las personas de ciudad piensan que los campesinos sufren pero no se dan cuenta que a veces el noble y el pobre tienen una vida más plena y feliz que la de otros que viven entre cosas materiales de mucho dinero.
Colaboración de Valentina
Venezuela
