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Home Pensamientos Reflexiones Poemas Contacto Mi amigo
Hace no mucho yo tenía un amigo que no tenía ganas de nada. Hacía todo lo posible por ser feliz y lo intentaba con todas sus fuerzas, pero sin saber por qué notaba un vacío grande en su corazón: “¿Por qué teniendo los amigos que tengo, mis padres, la educación que he recibido, una buena infancia… no puedo ser totalmente feliz? ¿Qué es lo que me falta si en realidad no me falta de nada?”. Iba todos los días haciéndose la misma pregunta. Fue pasando el tiempo. Mi amigo conoció una mujer. La vida le empezó a cambiar. Empezó a ver las cosas de otra manera. Empezó a valorar más lo que tenía pero todavía le faltaba algo: llenar ese vacío. Poco a poco sin darse cuenta quedaba más con esa mujer. Iba siendo sin darse cuenta más feliz pero todavía le faltaba algo. Poco a poco el quedar de vez en cuando se hizo algo que pasó a ser frecuente y de frecuente a diario. Mi amigo estaba feliz pero todavía le faltaba algo. Él, por más que insistía no sabía que era. Poco a poco esa mujer con el tiempo le hacía sufrir, la pasaba mal, pero él seguía pensando en ella y sin darse cuenta se volvió loco por ella. No dejaba de pensarla y cuando estaba con ella era aún mas feliz. Yo me preocupaba por él porque a veces lo veía francamente mal y le decía: - Abre los ojos. Parece que estás ciego. Esta mujer solo te va hacer daño. El insistía que era feliz. Que las cosas que no les gustaban no las iba a quitar y a quedarse solo con lo bueno. Que para él, todo eso merecía la pena, que aunque se le pueda ver mal por fuera, era feliz por dentro. No sabía que contestarle. Unos segundos después le dije: - Si eres feliz adelante, lucha con toda tu fuerza, pero un día la caída será dura. Y aquí nos tendrás a nosotros, que siempre te lo hemos estado advirtiendo, porque lo vemos desde fuera. Tú desde dentro no quieres verlo pero sabemos que esa mujer no es para ti. Tú te mereces otra cosa. No mejor ni peor. Pero tú no puedes estar con esa mujer. Mi amigo fue cambiando, ya no salía tanto, cuando salía era otro y solo pensaba en esa mujer que todos le decíamos que dejase atrás. Esa mujer fue cambiando cosas de él porque ella lo veía mejor para ella y porque algunas cosas de él no le gustaban. El tiempo seguía y esa mujer y mi amigo seguían juntos. Pero no iba bien la cosa. Siempre me contaba sus broncas. Yo le decía que yo tanto no aguantaría y un día explotaría. El me contestó: - Cuando se ama las cosas adquieren más sentido. Tú nunca te has enamorado. Me volví a quedar de piedra. Yo quería apoyarlo pero el seguía con los ojos cerrados. Ahora en vez de llevarlos parecía que era un ciego, que todos tenemos siempre la esperanza de que encuentre una cura pero él sabe que no la hay. No muy lejos de ese día terminó con esa mujer. Yo ya lo veía pero él, no lo vio nunca. Mi amigo terminó destrozado. Yo lo veía todos los días pero cada vez estaba peor. Otro amigo dijo que necesitaba un psicólogo, porque quería morirse y nada lo hacía cambiar de opinión. No encontraba sentido a nada. Todo lo que tenía, si antes no lo valoraba, ahora que perdió a la mujer que amaba, lo veía todo mucho peor. Fueron pasando los días. Mi amigo lloraba. Nunca lo había visto y por primera vez lo vi. Además lloró delante de esa mujer. El me decía: - Que triste soy. He llorado delante de una mujer, yo que nunca he llorado. Yo le contesté: - Tú has llorado pero al menos has amado, cosa que yo todavía espero descubrir. Ahora es normal que estés así, pero no es triste saber amar a alguien, triste es no saber amar a nadie. Mi amigo se animó un poco, pero me decía que por qué él. El siempre que ha estado con una mujer lo da todo incluso sin querer, porque no sabe querer de otra forma. Si no, no es él. Siempre le pasaba lo mismo. Entonces yo recordé una cita que leí no hace mucho: “Uno ve en la vida que ciertos momentos se repiten. Los días pasaron. Todos los amigos de mi amigo no podían quedar con él. Él ahora no tenía a esa mujer que le ocupaba la mayor parte de su tiempo y ahora tenía demasiado tiempo. Todos los días eran iguales. Se levantaba y no hacía nada. Comía y no hacía nada. Se iba con un amigo a las cinco y volvía a las siete y no volvía a hacer nada. Solo lloraba. Lloraba porque estaba volviéndose loco. Todos los días lo mismo. Merecía la pena vivir la vida así. El creía que no. Yo le dije que su vida será tal y como él quiera. Puede salir, pasar página e intentar ser feliz por la gente que le queremos y por él o quedarse en su casa dándole vueltas a la cabeza en que se ha equivocado. Una noche mi amigo salió conmigo y con otro amigo solo. Estábamos hablando de esa mujer que no le convenía porque eran diferentes. El decía que sentía como si todo el 2006 se fuera a la basura, que ha sido un desperdicio de año. Que probablemente este mejor sin ella, pero ahora mismo necesitaba verla o desaparecer. Fue pasando la noche y fueron a una discoteca. Cuando salió de la discoteca no se que pasó, lo que tengo muy claro fueron sus palabras: - Gracias por haber venido esta noche. Lo necesitaba. Necesitaba salir de esas cuatro paredes. Me estaba volviendo ya demasiado loco por ella, me estaba hasta llegando a asustar y mi amor hacia esa mujer se estaba volviendo una obsesión. Me dado cuenta que dos personas no pueden estar juntas si una de ellas no quiere. Mejor dicho, no quiere a la otra. El 2006 me dado cuenta que de verdad no se ha tirado a la basura. Ha sido un buen año en donde he conocido el amor de nuevo y he amado a alguien. He comprendido que mi vacío no era que necesitará a alguien. Era simplemente que simplemente quería ser feliz. No tenía
aspiraciones, no tenía ningún sueño. Solo quería
estar con esa mujer. No valoré lo que tuve, mis amigos, mi familia…
La mujer no me destrozó la vida. Me la alegró el tiempo que estuvo conmigo y me ayudó a seguir un camino. No quería cambiarme para ella, quería cambiarme por mí. Aunque no lo veía ella me quería. No lo demostraba, pero en realidad me lo estaba demostrando constantemente. No lo vi a tiempo y ahora le estoy muy agradecido. Me dado cuenta de muchas cosas. Y lo primero es que nunca estaré solo. Que siempre querré lo mejor para mi gente pero no por ello no tengo que descuidar mi felicidad. Cuando terminamos, el pensar volver a partir de cero me asustaba, pero en realidad estoy partiendo desde un punto que me acerca a mi meta. Creo que he madurado, he cambiado un poco lo que tenía que cambiar. Los palos ya no serán tan duros y veré las cosas de otra manera. Un día me dijeron, eres fuerte, pero débil. Esperemos que eso no vuelva a pasar. Cuando mi amigo me dijo todo eso, me quedé de piedra. Parecía mentira que fuese él. Pasó de ser un crío y a veces también como se comportaba a decirme todo eso. Entonces yo le contesté: Ya podemos seguir juntos de nuevo el mismo camino y no volver a separarnos. Porque mi amigo era el corazón, y yo era la cabeza. Colaboración de Ramón Berruezo Ochando
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