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A la orilla del río

 

Ahí estabas tú
de pie frente a mí,
clavándose tu imagen labriega y desnuda
en el fondo suspicaz de mis ojos,
ahí estaba yo con el vestido pegado a mi cuerpo
dejándote ver la línea de mi naturaleza,
ahí estábamos los dos frente a frente
con la ropa mojada ceñida a nuestra forma,
con el agua que se nos escurría por el rostro
mientras tu mirada la fijabas en al mía.

Hundiste tus ojos absoluto y callado.
en la profundidad fiera de mis ojos
tomando mi cuerpo entre tus brazos,
aprisionándolo firme junto a tu pecho
dejando escapar de tu boca un cálido aliento,
que dejaste sigiloso en la apertura de mi boca,
mientras la noche se acercaba silenciosa;
y nos cobija vertiginosa
y nos embelesa con la brisa dulce,
nocturna y fresca del agua del río.

Recorriste mi cuerpo mojado por la lluvia,
mientras me desnudabas celoso
cautivo de mí ser me recorres con tus labios,
lentamente siguiendo la línea fina de mi cuello
me tomas fuerte y ágil, sereno y tranquilo;
llevándome cadencioso hacia la hierba mojada
que al sentirla en mi cuerpo me acaricia sedosa,
y vulnera intensa mis poros.

En el cuenco de tus manos tomas sutil mis pechos,
en tus labios meces mis pezones y erizas mi piel;
bajas a mi pelvis y en álgido beso
profundo y cadencioso,
te haces dueño y señor de mi Venus
viajas hasta la punta de mis pies,
y erizas cada dedo al paso desbordado y letal de tu lengua.

Sigues recorriendo impune cada forma de mi cuerpo,
vuelves a tomarme cauteloso
fundiendo tu beso rebosado de tu aliento,
en la apertura sonrojada de mi boca;
bebiéndote mi aliento y mi suspiro…

Con la tempestad de la lluvia vespertina,
haz llegado suave y apacible a los adentros de mi loto,
en la firmeza de tu virilidad penetras en mi exquisito
mientras mis manos se pierden en tu cuerpo,
Se mezclan tibias en tu pelo
vienes supremo y virtuoso,
subiendo y bajando
en el ritmo indecible de nosotros mismos,
llegas dentro de mí
tan adentro…
que somos uno mismo,
tu unido a mí ser
yo encadenada a tu deseo.

Con está tormenta de media noche,
mojándonos el cuerpo
encendiéndonos el alma,
quemándonos la vida a braza lenta
tan lenta como las horas de este encuentro,
hemos quedado tendidos
sintiendo la lluvia nocturna,
subyugándonos poderosa
en el frenesí de un idilio arrebatado,
cuándo lo hemos hecho...
Todo...
Lo hemos vivido...
Todo...
A la orilla del río.


No hay un lugar exacto para hacer el amor incluso el río es un lugar magnifico sólo basta desear querer hacerlo con toda el alma para lograr hacer realidad nuestros más profundos idilios

Colaboración de Irazema
México

 


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