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Pudo ser

 

Temo escribir de toda ti mis alabanzas,
adorarte como sólo se adora a una diosa,
oh inspiración, ¡ya siento que no alcanzas!
a plasmar con rimas exaltadas que es hermosa.

Y es que;
puedo hacer de tus ojos mi poesía,
y escribir de cada onda de tu voz mis versos,
hacerte de mí aunque no seas mía,
ser el dueño de tus labios aunque no tenga tus besos.

Después:

Dibujaré, por abandonar mis letras apagadas,
Cantaré, haré de cada letra una nota,
¿acaso así olvidaré mis rimas exiliadas?,
esas que no existen,
esas que no alcanzan,
que dejan en mi mano tinta seca y pluma rota.

Ahora:

Profunda llevo la espina, eterna la impaciencia,
¿por qué negarme de ti una tal vez?
si no debí amarte, al menos déjame tu presencia,
que si me dejas,
que si me quitas,
que si te alejas,
te habré querido,
habré jurado amarte,
sin haberte tenido,
sin poder tocarte,
y diré al morir: no era tan difícil, ya vez.

Después:

La tuve, tan cerca, entre mis brazos, en mis ojos,
que si no la hubiese amado inmensamente como la amo,
de mi vida hubieran sido miedos y no arrojos,
y en lugar de paz, habría un reclamo.

Ella no me amó como yo a ella,
y sin embargo supo que viví para esperarla,
que si nunca levanté por su desprecio una querella,
será que preferí entenderla y no odiarla.

Quizá si algún suspiro, quizá si algún murmullo, una voz, un ruego,
quizá si mis palabras conociera antes de irse,
no serían cenizas las que yacen sino fuego,
el que ardiera sempiterno en mi memoria triste.

Algún día:

Ella dirá al recordarme, que será de ¿aquel que me quería?
moriría, seguiría su camino, me recordará, ¿me habrá olvidado?
y sabrá para si que jamás renunciaría,
y querrá aunque por escasa duda, alguna vez haberme escuchado.

Y de pronto sentirá de la desesperanza una necesidad,
para pretender que nunca la inundó la cobardía,
de venir y pasar con tranquilidad,
llevando ahora la espina del rosal que era mía.

Y sentirá en los labios aquel grito que fue mío y callé,
ahora para mí que fue por ella y entenderá,
que como ahora llora, mitigué,
por el tiempo hoy anhelado que ya no volverá.

¡Oh vida! ¡No tenías para mí otra lección!
no tenías ¡para ella mejor forma de enseñar!
yo iré ya por siempre,
intentando huir de ella, mi prisión,
y ella ira deseando
haber dicho lo que no debió callar,
incesante voy buscando olvido, redención.
Ella, simplemente, haberse permitido amar.

 

Colaboración de Lord
México

 

 


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