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Ortigas marchitas
Ortigas marchitas
Cardos pardos dame,
De tus tristes labios una palabra de silencio;
De tus manos una caricia reprimida,
De tus tantas líneas una historia perdida.
Calma del preludio
Precedes entre los tumultos,
Montones de augurios,
Montones de presagios,
Buenos o malos.
Los ves venir,
Rondan tus sueños,
Te despiertan del lecho
Alteran tu tranquilidad.
Desdicha que brota,
Desdicha que entre lágrimas
Impotentes afloran.
Ira del huracán,
Fuerza de la tempestad,
Báñame con tu gloria,
Ilumíname con tus destellos.
Danza,
Que la música está entre las olas,
Rompe mi silencio,
Grita en la distancia,
Retumba la inmensidad.
Magnifica, perfecta.
Te veo desde la orilla;
Como te mueves.
Formas aparecen entre tus nubes,
Formas estrepitosas,
Aterradoras,
Gigantes.
Deleitas mis ojos con tus batallas.
Lágrimas que me mojan,
Tus lágrimas que se confunden con las mías.
Ya no te pido más.
Y déjame sin adiós,
Déjame vencida en mi esperanza,
Déjame sin palabras.
Vida que en ti he vivido,
Borra mi pasado
No me quites el presente.
Desdicha que te hago sufrir,
Ojos de cielo
No calles los te quiero,
Tu mi perpetuo sentir,
A ti que tanto te he de escribir,
Desconsolada,
Incrédula,
Te dejas llevar,
Te alejas de mis labios,
Te despides de mi amar.
Y yo maldiciendo la humanidad,
Lucha desesperada
Lucha por borrar tantas lágrimas encontradas;
Pero ya no te ruego
Ahora mis cantos se apagan,
Ahora mis manos dejan que te marches,
Aunque me cueste la vida.
Me sacaría los ojos para no llorarte más,
Porque el alma te la llevas con tu andar,
Me robas el aire,
Mientras yo cual romeo
Enloquezco.
Que cobarde he sido lo admito,
Sólo yo sé que tan grande es tu dolor,
Sólo yo sé que se muere nuestro amor,
Entre burlas e ironías,
Tu mi fantasía mas divina se retira.
Todo te doy,
Corazón, ojos y mi respirar
Aun así te alejan,
Aún así por mí tus lágrimas inundan el mar.
Y se alzan las olas,
Comienza la tempestad.
Yo la cobarde renuncia a luchar,
Renuncia a su soñar.
Simplemente déjame sin adiós,
Sin tiempo a reflexionar,
Sin que un suspiro te haga cambiar.
Déjame sin sensatez
Y elimina mi felicidad.
¿Alma en donde estás?
Ayer te busque ya no quieres regresar,
Alma que me faltas
Cuando mi musa no esta.
Clandestina,
Discreta,
Son las miradas de mi amada;
Reprime todo instinto,
Calla, calla
Que el mundo esta en alerta
No te muevas;
Calla, calla
Que vienen a robarte la sonrisa.
Impaciento de saber que te hacen marchar.
Y ya no dirás más…
Ya no lucharás,
Sin suspirar me dejas,
Sin pensar tú ya no estarás,
Y yo la vida veo marchar con tu andar.
Sin ti ya no se continuar.
Alma que me fallas,
La vida
Que tú no estás,
Mi vida que contigo se va.
Espinas que en mis venas penetran
El delirio de una noche,
Ilusión de un segundo,
Susurro de aire esquivo,
Regálame un destino.
Cardos pardos
Agrios de pensamiento,
Humanidad que me humillas
Paciencia que huyes,
No te pierdas de mi mente,
Penitente permaneces.
Suspiro inconfundible
A la mañana desconsolada.
Lágrimas de mi papel roto.
Fragancia suave, tersa
Aroma a fresa embriagadora,
Antesala a mi locura,
Tu perdición de mi pensamiento,
Tu mi pecado predilecto,
Todas mis líneas,
Toda mi existencia
A ti la consagro,
Relega los cardos pardos,
Que marchitan tu felicidad,
Brisa ignorada que danzas en la soledad,
Desvanece cualquier recuerdo
Que de mi tenga la humanidad,
Ámame sin censura,
En natura, y deserta de tu cuerpo,
Libera el pensamiento
Confiérele a mi transitar
Sin que tengas que extrañar.
Abandona la moral,
No te niegues más
Y no me dejes en la locura de mi soledad,
No te marches por un temor.
Maldita humanidad
Que por amarme te hacen llorar,
Ojos de cielo,
Sincero y claro
No mientas
Sé bien que te alejas,
Sé que de tus labios
Se acaban las proezas.
Déjame sin adiós,
Sin rencor, ni temor.
Déjame entre ortigas que cieguen mi vida,
Que tallen en mi piel
El fin de este ser,
El fin de un querer.
Colaboración de Addis
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