Papito... Las últimas palabras que escuché
de su voz, aún quedan guardadas en mi memoria y sufro un desgarramiento
por dentro, un presagio eterno de dolor y desesperación, "sólo
en mi soledad", mi cuerpo arde en espinas y mi mente ausente en un
vacío, donde tus esperanzas y sueños van, donde el recuerdo
de
quien amaste te hace llorar y ocasionalmente te hacen desplegar una sonrisa,
¡Dios mío! ayúdame, ¿lo soportaré?;
seguir viviendo ausente y presente, gritando de no saber que hacer, ahora
¿qué pasará conmigo? ¿Acaso tendré
este sentimiento que me oprime o simplemente he de olvidar y llenar una
página más en la vida que escribo?...
Hoy llueve, mis ojos llueven por ti, y en tu mente estará mi imagen, tal como yo tengo la tuya.
Sopla el viento, la lluvia pega en mi cara y escurre
a través de ella, confundiéndose con mi llanto, mi silencioso
quejido de tu ausencia ha dejado, solo la sal de mis lágrimas que
se cristalizan, partiendo mi alma en dos, una parte aún la tengo,
¡la otra te la llevaste tu tratando de comprender porque partiste?
y queriéndome dejar vencer por la nostalgia, pero tu me enseñaste
a ser fuerte! y casi te escucho decir, sigue adelante! como solías
hacerlo, extenderé mis alas, para que desde ahí
del cielo, observes el viaje, mi pleno vuelo y al llegar a la cima te
gritaré te quiero!, y mientras yo viva, vivirás en mi recuerdo,
te amo padre para mi no has muerto!
Sigues vivo, porque yo te quiero...
Colaboración de Magali Sauceda
México
