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Ian es el hijo de Rosa, la dueña del almacén de la famosa esquina del barrio. Todos los días ayudaba a su madre a mantener el negocio en buen funcionamiento. Los vecinos lo adoraban porque siempre los atendía con una sonrisa inocente, ellos decían que él era el alma del almacén. Si no estaba atendiendo al barrio en el mostrador estaba levantando las cajas de mercadería para reponer. Todos los días mientras trabajaba reconocía sentirse a gusto, pero por las noches una inquietud no lo dejaba dormir. Hasta que un día encontró algo que cambio su vida para siempre. Al llegar el primer domingo del verano del 2007, Ian decidió disfrutar sé su día de descanso entonces se dispuso a relajarse y para esto agarro su toalla y fue al parque a tomar sol. Él pasaba la tarde bronceándose y pensando en cuales eran sus sueños. Las horas pasaban y la sombra de los árboles, comenzaban a tapar el sol. Ian se corría por todo el parque con su toalla para seguir la luz. Él seguía pensando que haría para poder lograr que sus sueños se hagan realidad, el sol lo relajaba y lo ayudaba a visualizar sus metas. Caminaba y caminaba y así del sol seguía acompañado. Siguió y siguió, saliendo de su barrio… De la ciudad… Del país. Muy, muy lejos Ian llegó caminando hacia el oeste persiguiendo el sol. En tierras desconocidas descubría llanuras soleadas y tranquilas que lo ayudaban a pensar en como alcanzaría sus sueños. Él caminaba mirando las praderas donde los rayos solares enardecían los pastizales. Se preguntaba y se preguntaba una y otra vez… ¿Qué haré para obtener lo que quiero? ¿Cuánto tiempo tardara? Finalmente, uno de esos días de reflexión se topó con una cumbre de altas montañas que le impedían el paso. Mientras el sol seguía su curso Ian no tubo otra alternativa que trepar la montaña pedregosa. Escalando, las piedras filosas lastimaban sus manos, y sus piernas estaban cansadas de tanta caminata pasada. En vertical él subía lentamente mientras comenzaba a desaparecer de su vista los destellos de su seguir. Hubo momentos que encontraba rocas en forma de escalera y se sorprendía, y en otros tramos de la subida las rocas se separaban mucho y tenia que saltar de una a otra posibilitando aún más la caída. Él había dejado de pensar en como iba a realizar sus sueños y se preguntaba como una montaña tenia rocas tan preciosas y otras que tanto lastimaban. Ian siguió escalando y su cuerpo se debilitaba más y más. Finalmente, el sol que tanto seguía desapareció dejando a Ian en la oscuridad de las sombras. No sabía que hacer, estaba paralizado a kilómetros de altura. El miedo lo tenía sin respirar. Él había prestado mucha atención en los momentos de luz y recordaba como eran las rocas y podía imaginar su camino, entonces confiando en su razón y su instinto retomo su riesgoso viaje vertical, Ian saltaba por la oscuridad en las alturas esperando que haya una roca para no caer. Se sujetaba fuerte de las rocas buenas y agarraba con delicadeza aquellas que sabia que lo lastimarían. Después de que el tiempo y la noche se volvieran interminables, logró ver un destello a lo lejos. Motivado Ian siguió y siguió, y la luz se agrandaba más y más… Ian Se sacó sus zapatos y sintió el barro fresco entrando por entre sus dedos... Ante su mirada se reflejaba un sol gigante que cubría un valle de árboles frutales. Las flores favoritas de todas las mujeres de su familia se encontraban en un inmenso rosedal. A las orillas del lugar se veía una playa con un mar transparente sobre corales rosados que eran recorridos por peces amarillos en cardúmenes armónicos. Manadas de caballos corrían libres logrando una música con los sonidos del mar. Los monos trepaban las palmeras para comer los grandes cocos de la punta. Todo lo estaba allí. Había desaparecido todo recorrido vertical, se encontraba en el vértice del mundo. Ian estaba ante sus sueños. Los sueños que soñaba en la plaza… Los sueños que sueñan en la plaza, los sueños, los sueños… Los sueños… Los sueños… Los… Los… zzzZZZZZ… Fin
Este cuento verdaderamente lo escribí en un parque tomando sol y pensando en mis sueños...
Colaboración de
Mauro W. Monsalvo
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