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Cuando el amor se diluye (parte I)

 

Alice estaba sentada en uno de sus hermosos sillones que tanto le gustaban, ahí en su alcoba junto a la ventana que daba una bella vista hacia la ciudad. Mientras pensaba en lo maravilloso que sería tener un hijo, ojeaba el libro que tanto le gustaba, después de pensar en aquel deseo ya casi imposible para ella, pensó mejor volver a sumergirse en su lectura.

Era sábado por la tarde y como siempre esperaba a su esposo, claro si esta vez se dignaba a llegar, pero se dieron las siete, las nueve y gusto a las doce de la noche llego, tan serio como todos los sábados, sólo abre la puerta se dirige al baño, busca algo de cenar, come poco y se alista para dormir.

Pero casi todos los sábados, excepto cuando Alice se resiste a hablarle, hacen el amor, se dicen cuanto se aman, se entregan no sólo con el cuerpo sino con el alma… y así, en aquella gran muestra de amor, Alice llora, se resiste a creer que le miente, que a ese hombre que tanto quiere se le va, lo pierde, un hecho que hace 3 meses lo sabe, lo siente.

Al día siguiente pasan un domingo lindo, como novios van al cine o un parque, lugares que les gustan a los dos. Hacia tres meses que Alice no preguntaba nada desde el día que se convenció de su infidelidad, ella no dice nada, jamás se ha vuelto a enojar ni a discutir, no le ha vuelto a reprochar nada ¿Por qué? aún ella misma se lo pregunta.

El lunes como todos los inicios de semana Alice se levanta y se percata que su esposo se ha ido, se mira al espejo y memoriza, los besos en la sala de cine, los abrazos, el amor que aún siente que es verdadero, entonces ahí en la recamara donde pasaron tantas noches de pasión en aquel sillón testigo de sus locuras, se derrumba, de sus ojos una a una caen sus lágrimas, ¿habrá una mujer más tanta que yo?

Llora y lo hace desde el fondo de su corazón, que hipocresía es su vida piensa una y otra vez ¿cómo puedo? ¿Es tan grande la indiferencia que siento por mí misma?, llora, se reprocha, se siente la mujer más infeliz del mundo, no resiste ese dolor que por momentos la seda, haciéndola sentir que ya no siente nada, trata de odiarlo pero una vez más no lo consigue…

Quince minutos después se levanta, se dirige a su armario escoge la ropa que más le gusta ese vestido con el que se siente atractiva, de su color favorito rosa palo, se sube a su coche y se dirige al colegio donde trabaja, después de levantar varios suspiros y piropos en el camino, por fin entra a las oficinas, saluda de lo más linda, de lo más fresca, tratando de que este día sea diferente se dispone a olvidar sea como sea, quiere olvidarlo o más bien quiere dejarlo de amar.

Pero vamos a quien engaño –se reprocha- aquí sólo le levanto las hormonas al tonto de Pérez al portero Mario que es casado, a los maestros que sólo cada bimestre se pasean por aquí, y bueno no hay mucho de donde escoger Leo y Héctor son unos frustrados treintones, el señor julio es casado y ya está grande, y buen Marcos, quizás, pero su fama de mujeriego y sus aires de grandeza aún no lo sueltan. Si en verdad quiero olvidarlo creo que no lo lograré aquí.

Tengo una vida cómoda -piensa una y otra vez,- no gano muy bien pero ¿quién gana bien en este país? aún así, puedo mantenerme sola. Ese día hace planes con su compañera Susi para ir a un centro comercial decidida a olvidar. A las ocho de la noche Alice llega a su casa, después de haber estado varias horas en el centro comercial y de haberse hecho un cambio de imagen, quedando guapísima, se da cuenta que ya no para ni una mosca, creo que estoy vieja -le dijo a Susi- No lo que pasa es que intimidas debes de soltarte un poco relájate le -insistía Susi-.

Ella había sido su confidente durante los últimos ocho meses, muchas veces había tratado de convencerla de dejar a su marido aún más en los últimos meses, sin embargo, hasta ese día no había logrado convencer a Alice de olvidar de renovar. Se puso muy contenta al ver la decisión que Alice había tomado pero aún así sabía que sería difícil pues Alice aún lo amaba aún amaba a Joel.

Como todos los días entre semana Alice no vio llegar a su esposo, pero guardando esa esperanza se quedó en la sala con una batita sexi dormida en el sillón esperando que Joel viera su cambio, esperando volver a enamorarlo tanto como el principio y que todos los días fueran sábados por la noche, pero no fue así, una vez más su marido la ignoró olímpicamente.

Aún así Alice, el martes por la mañana, despertó en su cama. Este día decidió no llorar más, pero no salió por la tarde con Susi, prefirió quedarse en su casa y hacer comer, hace meses que no lo hago, pensó Alice, y se sintió bien al hacerlo, no recordaba cuanto le gustaba a tal punto que quería estudiar gastronomía.

Cocinó su comida favorita aunque había algo malo en eso pues también era la comida favorita de Joel, así que por ultimo y para sentir un poco la diferencia, se preparó un buen puré con ensalada, platillo que le salía bastante rico. Estaba apunto de sentarse a comer cuando algo inesperado la sorprendió, alguien tocaba a la puerta, se levantó abrió…

-Hola –dijo un hombre- hemm se encuentra Joel
Alice después de unos segundos de completa confusión y sorpresa, sólo pudo decir
-No
-Bueno entonces luego vengo –y se dio la vuelta para retirarse-
Pero después de unos segundos Israel se devolvió y con un aire de sorpresa y alegría le pregunto - ¿Alice?, ¿eres tú?-

Alice que aún seguía parada en el marco de su puerta, con un aspecto un tanto raro, reacciono y sólo volvió a contestar con un simple sí.
Israel la abrazo entusiasmado diciéndole -hace tanto tiempo, pensé que no volvería a verte, pero mírate estás hermosa y…

-Israel detuvo su euforia para que su corazón bombeara sangre al cerebro, algo que lo hizo reaccionar enseguida, soltando a Alice y separándose de ella, comento con palabras lentas -tú eres la esposa de Joel-.

Alice, ya un poco recuperada le dijo -sí, pero puedes pasarte si gustas esperarlo, bueno aunque no sé si venga… ¿Por qué no me acompañas a comer?- Alice dijo todo aquello tratando de sonar de lo más natural.

Pero Israel sólo la miraba sin decir nada, por su mente pasaron tantas cosas en pocos segundos, ¿Cómo no pude darme cuenta? Se preguntaba, ahí está la mujer por quien había regresado, por quien había emprendido el viaje de regreso ¿Cómo paso? Se preguntó, ¿Cómo fui tan estúpido y no pude preguntar por ella? Hacia tanto tiempo que había planeado este encuentro con ella su poniendo que seguía soltera, pero ¿Qué estúpido? Se repetía una y otra vez en su cabeza. Alice cansada de sostener aquella sonrisa y esperar, volvió a preguntar ¿entonces te quedas? A si claro, hee con gusto, contesto Israel.

Pasaron a la sala y le ofreció algo de tomar mientras le servía el plato a la mesa, después se sentaron los dos en el comedor tratando de no mirarse a los ojos y de no hacer demasiadas preguntas, Alice le pregunto que cuando había llegado, que como estaba su familia su mamá, sus hermanos, sobrinos, que como estuvo el viaje… cuando no se le ocurrió nada más que preguntar se dedicó a comer y a contestar ahora las preguntas de Israel.

Israel no podía soportar aquello, pero aún así trataba de sonar alegre, relajado, sólo le preguntaba de su familia, de Joel, de sus trabajos, pero por fin y después de acabar hasta con el postre se quedaron sin que decir. Alice estaba nerviosísima ¿para que vino? Pensaba, hace tiempo que él es un caso cerrado ¿Por qué tuviste que venir precisamente ahora? Los nervios la hacían sentir un hueco en el estómago que apretaba cada vez más.

Sentados en el sofá, se sumergían cada uno en sus recuerdos. Alice recordaba todo el tiempo que pasaron juntos, sí, quizá poco para lo mucho que lo quiso pero tan real que jamás pudo olvidarlo, era verdad quedaron inconclusos, pero que más daba ya había pasado mucho tiempo, ahora sólo nos queda sonreír –pensaba Alice- y ser amables como si nunca hubiera existido aquel capítulo donde nuestras vidas se cruzaron.

Israel recordaba los días junto a ella, sí, no la supe valorar –pensaba- fui un patán, pero como decirle ahora que la amo, eso fue hace años suena tonto pensarlo, enamorado cuando hace 7 años que no la veo, pero si no fuera así, no sintiera este deseo de besarla, esta sensación que me vuelve estúpido, ahora justo cuando está más lejos de mí, esposa del que fue mi mejor amigo ¿Cómo no lo supe? ¿Cómo paso? Me siento idiota, pero un idiota que le late el corazón con sólo verla.

Ese día no dijeron ya nada más Israel se despidió dejándole saludos a Joel y se retiró a su casa. Alice estaba hecha un ovillo de confusiones, sentía que aquellas cenizas se removían, volvía a sentir aquella frustración, de reprocharlo, de reclamarle se volvía a sentir como aquella muchachilla de 19 años a quien le destrozaron el corazón, no sólo fue su mejor amigo, el hombre que cambio su vida, fue de quien se enamoró como una tonta.

Pero no debo de pensar eso, no debo de pensar en él, -le repetía a Susi- estoy casada. Pero en un matrimonio infeliz, perdón que te lo diga –comento Susi- pero el ya no te ama, y lo sabes, ¿hasta cuándo vas hacerte menos? Valórate un poquito, sabes que nunca quisiste esto para ti, déjalo ir y ábrete a nuevas posibilidades. Susi le decía todo esto siempre con el afán de ver a su mejor amiga feliz.

Paso una muy mala semana, el sábado Alice durmió en la otra recamara, su marido como siempre no dijo nada, y el domingo sólo le aviso de que iría a ver a Israel pues acababa de llegar de su largo viaje.
En esos días Alice había recordado muchas cosas, como Joel se había convertido en un Ángel cuando Israel se fue, y sentía que ese amor aún estaba ahí como nunca, y como siempre, tan vivo en ella, en su corazón, pero estaba segura de que de aquel ángel ya no quedaba nada.

Pero como olvidar aquellos días cuando preparaban su boda, éramos tan felices –pensaba Alice- queríamos estar juntos, contábamos los días, las horas para nuestra noche de bodas, y cuando por fin llego fue inolvidable, fue el hombre más romántico del mundo, esos días parecían no terminar estaban llenos de pasión, de ternura, de mucha ilusión ¿Qué nos paso? En donde cambio todo eso, en donde dejamos de querernos con esa locura de recién casados, sí, fui una tonta yo lo aleje de mí, con mis reclamos, con mis celos estúpidos, con querer más.

Y ahora que ya está tan lejos de mí, me he vuelto ciega, sorda para retenerlo, porque ahora me doy cuenta de cuanto lo amo. Alice que estaba ahí sentada en aquel sillón testigo de su amargura, lloraba y lo hacia como nunca, ahora se daba cuenta de una realidad que no quería ver, ella misma lo había alejado, ella que quizás no era del todo culpable pero si había contribuido a que ese amor que Joel le profesaba se haya esfumado. Pero ya no puedo hacer nada

-pensaba- ya todo está perdido, ni siquiera sé contra quien compito, ha de ser alguien que en verdad lo valora y lo ama, alguien muy distinta de mí.

Sábado por la noche. Ese día estaba dispuesta a dejarlo ir, Alice preparó su maleta no quería más pleitos, no haría que el se fuera, no, será mejor así, mi madre me necesita me iré un tiempo con ella –pensó Alice- . Pero ese día Joel llego temprano justo a las 7 de la noche, Alice no tuvo tiempo de esconder la maleta, pues quería primero platicar en calma.

Sin embargo, Joel llegó con un ramo de rosas, lo puso un la mesa y subió rápidamente las escaleras, parecía decidido y hasta feliz, pero lo primero que vio fue una maleta. Joel se detuvo en seco, su corazón palpitó aceleradamente, no podía ni siquiera pronunciar palabras, pero hizo un esfuerzo descomunal para que su voz no se quebrara.

- te vas –pregunto-
- Si –contesto Alice-

Joel se sumergió en un terrible silencio que Alice no esperaba, no más, pero decidió esperar, sin mirarlo a los ojos, Alice se resistía a creer que aquel hombre a quien tanto amaba no diría nada, quería que la detuviera, que le suplicara quedarse, que le digiera que la amaba, pero Joel no decía nada.

Alice no lo miraba a la cara sabia que si lo hacia desistirá, pero justo cuando agarro valor para pronunciar aquel discurso que tanto había planeado, Joel la abrazó y la besó como nunca, fue un beso tan fuerte, que la lastimo, Alice no dijo nada, lo correspondió, pero unos minutos más tarde Joel se apartó, y le dijo que no la detendría…

Alice no lo podía creer en su garganta había un nudo que en ese momento se rompió y de sus ojos brotaron lágrimas que corrían por sus mejillas, pensó que si se quedaba un minuto más su corazón no lo resistiría, agarro su maleta, bajo lo más rápido que pudo las escaleras, paso por el comedor sin percatarse de las flores salió de la casa, se subió a su auto y se marchó…

En la casa de Alice y Joel se respiraba tristeza, dolor, la luz del amor se apagó, todo es silencio la puerta aún continua abierta, las flores en la mesa se marchitan poco a poco, como aquel amor que un día los unió, ese amor que hoy se diluye como el agua…

 

Colaboración de Elizabeth Sánchez Vázquez
México

 

 


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